miércoles, 19 de diciembre de 2012





En cada parpadeo veo pero no observo, en cada sonido oigo pero no escucho y cuando el aire enfría mi rostro y alza mi cabello no siento nada. Mis pensamientos se repiten una y otra vez congelándose en el momento en que todo empezó, cuando eras diferente, cuando eras gracioso, cuando eras especial, cuando yo era especial para ti, cuando resumiste mi nombre y cuando yo empecé a buscar una salida a todas las mentiras. Pongo la cafetera y empiezo a crear una escena en donde combino diálogos con las expresiones de un sentimiento mutuo y por primera vez le pongo un final feliz que es tan agradable como el café que baja por mi garganta, dándole calor a todo mi cuerpo y al bajar la vista comprendo que el café es negro y amargo como un final alternativo si no es que real y lo que para mi era una ley regresa de pronto acompañado de la vos que me responde al instante cuando deseo desviar la mirada. Y que en esta oportunidad me dice lo patético que es esto que siento, construyendo sus líneas tal como las conocí: Quieres que nos casemos, que tengamos dos hijos, que tengas un trabajo estable mientras te espero en casa, que tengamos un perro y vivir felices por siempre. Pero… no quiero casarme ni tener hijos, no me gustan los perros y los finales felices no existen.
Regresándome de nuevo a la realidad y sonrío porque al igual que el café no quiero dejarte, aunque he asimilado que no seré la protagonista de tu historia y trato de visualizar esto con otro enfoque, combinando los géneros de los recuerdos con la fatalidad congénita de mi ser. Me sirvo otra taza y las líneas vienen a mi mente: El saber que tú continúas cuando yo me quede en la verdad y la mentira, entre la realidad y la ficción, entre el inicio y el final. En un sueño que es eterno, en el Limbo de mi imaginación.  
Los escenarios comienzan a tomar forma y la escena se construye por si misma, dejándome en la incertidumbre de la adicción.

Palik

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